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LINO
CESAR OVIEDO
(ARTICULOS
PEDIODISTICOS 2003) |
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Una
vez más Argentina
se abrió de piernas |
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| Un
Golpe de Estado encubiertorme |
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| Por:
José B. Godoy |
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El continente
sudamericano se vio sacudido, una vez más, durante
1999, por los tristes acontecimientos que enlutaron al Paraguay
durante los hechos de Marzo de 1999. resultado de un enrarecido
ambiente político, de las duras luchas internas por
el poder que los partidos políticos venían
sosteniendo prácticamente desde el retorno a la democracia,
luego de la furibunda dictadura de Alfredo Stroessner, la
manipulación política en búsqueda del
poder había llegado a su punto culminante. Se planeó
un magnicidio, la muerte del vicepresidente de la República,
el doctor Luis María Argaña y hasta se llegó
a perpetrar una verdadera emboscada matando a ajenos y propios
correligionarios , para que en un futuro los sanguinarios
autores intelectuales de un encubierto golpe de estado,
pudieran pararse sobre la sangre de sus compatriotas para
intentar justificar lo injustificable.
No solo por poder, sino por odio y resentimiento hacia sus
oponentes se pergeño tamaño complot. Los hechos
resultaron, para quienes así lo planearon, en la
renuncia del Presidente constitucional de Paraguay, Raúl
Cubas Grau y la obligada partida hacia la Argentina en búsqueda
de refugio de Lino César Oviedo. Aquel 28 de Marzo
de 1999, Oviedo llegó al aeropuerto de Don Torcuato,
en el Gran Buenos Aires, poco más que con lo puesto
pero esperando el abrazo protector de un país al
que amaba y había sabido demostrárselo oportunamente.
El sí del Gobierno de Menem
La respuesta positiva al refugio de Lino Oviedo fue instantánea,
y es que el Gobierno del presidente Carlos Menem, supo interpretar
y comprender inmediatamente la jugada taimada de quienes
pretendían encumbrarse en el poder paraguayo injustamente,
anticonstitucionalmente.
A la vista de un simple análisis, se caía
de maduro que a Oviedo lo perseguían políticamente.
Le querían pasar una vieja factura que no le correspondía
pagar (el supuesto golpe del 96), le tiraron un muerto encima
(Argaña) y como si esto fuera poco sus detractores
organizaron una reyerta en la Plaza del Congreso que por
poco no terminó en una masacre (7 muertos y decenas
de heridos), por supuesto atribuyéndole todos y cada
uno de estos hechos, al propio Oviedo.
Pero el horizonte de la estadía del ex general en
Argentina se estaba cargando de oscuros nubarrones. Las
elecciones para el próximo período presidencial
habían sido ganadas por la ALIANZA y el futuro presidente
de los Argentinos sería el doctor Fernando De la
Rua. Era de esperar, que todo el séquito resultante
de la mixtura política de seudo progresistas, de
representantes de una izquierda vernácula, sui generis
y fascista, que se descargaría en los puestos públicos
provenientes de la Alianza, tendría un fuerte olor
reaccionario hacia todo aquello que tenga, tuviera o tuviese
gorra... Léase militares, marinos, policías,
etc.
En este contexto, Lino Oviedo representaba, para los nuevos
políticos dueños del poder en Argentina, los
odios intestinos que no habían logrado resolver por
su propia inmadurez cívica que tristemente se comprobaría
2 años más tarde en la inoperancia política
que culminó con una renuncia presidencial y un país
abandonado cobardemente y en banca rota.El capricho antimilitar
En aquél contexto del 99, no cabía la menor
duda que los futuros popes de la política nacional
debían actuar en las antípodas del Menemismo.
No era admisible, aunque existieran razones valederas, defender
a ningún “milico”, de ninguna parte del
planeta y menos si provenía de algún régimen
dictatorial militar (¿De dónde venían
muchos de ellos?).
Así, amenazado por lo que era obvio, Lino Oviedo,
caballerosamente abandonó la Argentina, un día
antes de que asumiera la presidencia el doctor De la Rua,
el día 9 de diciembre de 1999.
Los Argentinos somos derechos y humanos...
Todo habría sido distinto si Argentina hubiera tenido
la responsabilidad suficiente para enfrentar con empatía,
con madurez institucional y constitucional un pedido de
asilo de quien era manifiesto padecía persecución.
Pero con un presidente pusilánime como el que se
avecinaba (De la Rua), un vicepresidente que huyó
cuando más se lo necesitaba, como Chacho Álvarez,
qué se podía esperar. Fue una verdadera oportunidad
internacional perdida. No me cabe la menor duda que el ejemplar
fallo del Supremo Tribunal Brasilero, reconociendo la perversa
solicitud de las autoridades paraguayas de aquél
momento, demostrando la inconsistencia y los vicios de forma
que pesan sobre los hechos legales por los cuales se pretende
juzgar e inculpar a Oviedo en Paraguay, habría quedado
empañado de haber tomado en sus manos la Corte Suprema
de Justicia Argentina el caso Oviedo. Y no lo digo por sus
referencias políticas de la Corte, cuestionadas en
algunas ocasiones con tino y en otras con desacierto. Sino
que me baso en la opinión unánime de los especialistas
del derecho quienes consideran la encumbrada talla, a nivel
mundial, de los constitucionalistas que la integran.
El tiempo que todo lo cura o, como en este caso todo lo
mata, demostró lo que el Supremo Tribunal Federal
de Brasil confirmó: Lino Cesar Oviedo está
siendo perseguido políticamente por las autoridades
de su país, por lo menos de esa manera sucedía
hasta antes de que asumiera el nuevo presidente constitucional
de Paraguay, Duarte Frutos. Esperamos que se confirme el
cambio de actitud del gobierno guaraní...