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| Alberto
Horacio Avila |
| Periodista |
| Psicólogo
Social - Teólogo |
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El 23 de marzo de 1999, tuve
la tremenda experiencia de poder ver, así como el mundo entero, las imágenes
vía satélite de lo que en las primeras horas de aquel día se daba a conocer
periodísticamente como el magnicidio del Vicepresidente del Paraguay,
Dr. Luis María Argaña. En aquellas imágenes, crudas, reales, vívidas,
que la aldea global nos invitaba a consumir, un hombre sangrando
- no se como todavía de pie - con impactos de perdigones en su rostro,
se movía desorientado de un lado al otro, junto a una camioneta que en
su interior mostraba: un hombre sentado en el asiento delantero del acompañante
que agonizaba por las heridas de bala recibidas y en el asiento trasero
otra persona desvanecida caída y recostada sobre su lado derecho. La voz
en off del locutor nos decía que se trataba de un atentado, que hacía
algunos minutos se había llevado a cabo contra la persona del Sr. Vicepresidente
del Paraguay, Dr. Luis María Argaña.
Más allá de lo impactante de
la noticia, del peso informativo de las imágenes que estabamos viendo,
algo no cerraba entorno a lo que estaba viendo. Esa "voz"
interior que tantas veces me susurraba al oído: "Aquí hay algo
más", golpeaba mi mente una y otra vez.
Uno de los tantos secretos
del éxito en periodismo consiste en aprehender la diagnosis del
hecho noticioso. Mientras exista alguien que "ve" antes
de ver, que indaga y predice, habrá noticia...
Esa vaga experiencia que llamamos
inspiración, ángel, don, etc., ese era el "bichito" que me estaba
picando mientras veía lo tremendo, lo inexplicable, lo absurdo de aquel
cuadro dantesco. Aquella "picadura" temprana en mi inquietud
periodística, haría "roncha" algunos meses después, cuando
pude encontrarme con una fuente de información que me puso en el camino
de una investigación de la que jamás se me habría ocurrido tomaría los
ribetes que ha alcanzado.
Siempre, para un hombre de
prensa la intuición suele ser el comienzo de un camino muy difícil de
transitar, sobre todo para los que incursionamos en lo que se ha dado
en llamar periodismo de investigación. Esta verdadera mezcla extraña
de Sherlock Holmes y Clark Kent en la que uno se ve incorporado
por una verdadera fuerza oculta que muchos llaman vocación.
Pero bien, allí estabamos,
el hombre y el hecho periodístico. Pasó lo que tenía que pasar: tiramos
tanto del delgado hilo de la duda, de la suposición, de los hechos, de
las pericias, de los documentos, que al final llegamos a la verdad, ¡Aleluya!
¡Todo muy lindo!, Pero... ¿Qué
sucede cuando la realidad que hemos comprobado contradice todo lo que
la opinión pública, o mejor dicho la opinión publicada nos ha estado
mostrando? ¿Hemos sido engañados por el aparato mediático, o la información
cruzada confundió una vez más, aún a los propios periodistas?
Lo invito a que Usted mismo
pueda desandar este duro camino de la información, de la noticia, cuando
pretende y debe ser exacta, rigurosa y veraz. Nada más y nada menos
que un compromiso con la verdad.
En esta página podrá apreciar,
igual que en un iceberg, solo una parte de lo profundo de esta investigación
periodística, de lo que hoy a la distancia considero, personalmente, uno
de los complots políticos más infames que han golpeado a nuestra
amada América Latina en el siglo que termina.
Quiera
Dios que la luz de la verdad caiga sobre todos esto tremendos hechos y
que para bien de los hombres de buena voluntad, no se repitan jamás.
| ACLARACION
Todo
el material de investigación periodística volcado en esta página
es
Propiedad Intelectual de Alberto Horacio Avila.
Todos
los derechos reservados. |
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